Soy del Hebreo

Desde 1930, somos el colegio judío más grande de Chile. Hoy, con más de 1500 estudiantes, albergamos los sueños de toda una comunidad. Formamos jóvenes con una sólida identidad judía, activos en la construcción de su propio conocimiento y de su futuro. La calidad humana de nuestros profesores, los vínculos para toda la vida que forman nuestros alumnos con sus pares, la innovación constante y el arraigo a nuestras tradiciones, hacen que el Instituto Hebreo sea el mayor orgullo de la comunidad judía de Chile y que cada vez más familias se sumen a nuestro proyecto educativo.

Historia de nuestro Colegio

Historia de nuestro Colegio

UN GRUPO DE JUDÍOS, UN SUEÑO, UNA MISIÓN

Corre 1930 y en Chile se concreta el anhelo de asegurar la continuidad de nuestro pueblo en la diáspora: nace el Instituto Hebreo Dr. Chaim Weizmann.

Desde su primera sede en la calle Serrano hasta su ubicación actual en el campus de Las Condes, se han formado en sus aulas miles de integrantes de la Comunidad Judía de Chile. Desde un inicio el Instituto Hebreo se destacó por su formación valórica, judaica, su excelencia académica y su prestigioso cuerpo docente; sus egresados han aportado a nuestra Comunidad y a la sociedad en general en los campos de las Artes, las Ciencias, el Deporte, la Economía, la Política y todas las disciplinas del quehacer nacional.

El orgullo de la Comunidad

El orgullo de la Comunidad

A partir de 1948, con la concreción del sueño milenario de retorno a la tierra de Israel del pueblo judío, el Instituto Hebreo desarrolló un compromiso existencial con el Estado de Israel naciente. En 1979 se creó el Movimiento Juvenil Tzeirei Ami, y desde hace más de cincuenta años nuestros estudiantes participan del Viaje de Estudios al Estado de Israel. En la última década, con el objeto de preservar la memoria de la Shoá y bucear en las raíces de nuestros orígenes, se incorporó al Viaje de Estudios la visita a Polonia.

El Instituto Hebreo en sus diferentes sedes como las de Copiapó y Macul fue perfeccionando el sueño, y los hoy apoderados y abuelos de nuestros estudiantes transmiten de generación en generación la mística forjada en tan recordadas épocas. Nuevas familias se suman constantemente, afianzando la meta de ser el orgullo de la comunidad judía.